Vistas desde arriba, las dunas parecen sábanas tendidas al sol; de ahí proviene su nombre, según relatan los primeros exploradores. Debajo de la arena hay una capa de roca que impide que la lluvia se filtre, y por eso el valle entre dos dunas se convierte en una charca: agua dulce, templada y transparente, en medio de lo que parece un desierto.
El campo de dunas tiene entre cinco mil y siete mil años y sigue formándose. El viento desplaza esa arena hasta diez centímetros al día, por lo que el dibujo que vas a fotografiar no es el mismo que el del año pasado, ni lo será el del año que viene.
En él viven menos de cien personas, repartidas en dos asentamientos rodeados de vegetación. En uno de ellos, la Queimada dos Britos, trece familias se dedican a la pesca y a la ganadería: solo se puede llegar a pie, tras más de ocho horas de caminata entre dunas y lagunas.